DECLINAR Y CAER
En la hora calma del día del desvelo
el ángel se inclina ante la soledad del árbol,
ha recorrido el espejo roto
de todos los caminos,
los círculos del viento,
la caída interminable del silencio.
Aterido se pregunta
por la terrible llamada del regreso
al hogar de la antigua luz de las estrellas,
sus pupilas se detienen como en un último juego
en el canto apacible de los cisnes,
en la línea inquebrantable del vacío.
Lejanamente
en la proa del tiempo
declina y cae en el grito mudo de la nada.
A ciegas unge el fuego, la luz sobre la noche,
cada ángel tiene un animal herido en su retina,
cada abismo, la letanía del silencio.
LA RUTA DEL JAZMÍN
Hay regiones del cuerpo donde crece como un árbol la melancolía,
susurra como si parpadearan alas de luciérnagas,
las yemas manchan de amarillo bilis la escarcha de la aurora
y no sé discernir en qué región del cuerpo
es más triste o feliz el pensamiento.
Dejé como una ofrenda, la ira y el dolor en el portón
del paraíso.
Y hubo la cena plácida con las frutas más dulces y los
animales inocentes,
con una mano se reverencia y con la otra se quebranta,
me inclino hacia la fuga y la belleza,
me contengo me dilato, soy el agua soy el río,
resplandece en mí el vacío blanco y diáfano.
Como un animal en vigilia
contemplo la flor de la noche caer y levantarse.
Hundirme dentro de mí misma, diluirme,
perder el rostro, ser en otro cuerpo
una ostra o una estrella.
Vacío mi nostalgia,
el barro vuelve al barro, el agua vuelve al agua.
Me estoy fugando, estoy durmiendo como una piedra,
como un sello, como la escarcha,
como si tan solo se tratara de dormir.
Palpo mi rostro bajo la luz de los jazmines,
esta noche configuro el paraíso
veo a Dios y Dios baila conmigo.
PLEGARIA DE LA LLUVIA
Atravesé la distancia del afligido puente
palpé mi rostro sobre la luz de los jazmines
recordé el plegarse de mis antiguas alas
y comprendí la luz serena de la melancolía.
A un paso del vacío
la sombra se separa de mi cuerpo
las manos del silencio me reciben,
mi nombre se perderá
en las lágrimas de la lluvia.
Sobre el ocaso del crepúsculo
danzo efímera
dos veces el fulgor de mi dolor.
Con la piedad que cura al enemigo
y la inseparable quietud del silencio
hubo la rendición ante el desgarro,
susurré a mi ángel de la guarda
y esperé en vano el resplandor de su plegaria,
entonces arrastré la melancolía como
un gusano arrastra la luz de sus anillos.
Ante la inmensidad del bosque
una hoja en su magnífico reposo
nos designa la finitud del día.
La dulce espera me despojó del rostro.
ESPIGAS AL SOL
Como si hubiera mirado mis manos
por primera vez,
soñé con ellas.
Estaban quietas, casi líquidas,
como si estuvieran sosteniendo
toda el agua de los cielos.
Esta noche permite al viento,
empujar mi barco
hacia las dunas de los cangrejos dorados.
Escribir es escuchar el secreto de la polilla
en la lágrima de la noche de obsidiana.
¿Cuántas palabras habitan en las piedras?
BODA BLANCA
En mí laten el aliento del espejo,
el poeta que cava su agujero
y el flujo iluminado
que derrama
la herida de los siglos.
La belleza es un lirio,
Dios, una niña enferma,
el amor, el resplandor de una fisura.
CÁNTARO Y CORONA
A Caravaggio
Mi rostro decapitado,
quebrantado, oscuro,
alfiler clavado en la
ceniza de la piedra,
sostenido por la triste mano
de un sombrío ángel,
desciende acongojado,
paso a paso,
la estación
de la luz y la tiniebla.
la ventana, testigo del silencio,
miran las manos
ensangrentadas
en el banquete tenebroso.
Gélida antorcha
que oscurece, no te alumbra.
Mi rostro oblicuo, errante,
como un regalo
devorado por el barro
y la biliosa huella,
desciende paso a paso,
cada cántaro,
cada flor de la piedad,
la escalera enmudecida
de la larga noche.
Canto de la grieta,
que te aparta, no te acerca.
Mi rostro en vigilia, insaciable,
como un reloj en la noche,
escribe infinitas veces
la memoria
de la azulada turbiedad.
Es la espuma, es el murmullo
del animal muerto, vuelto amargo.
Es la angustia sin párpados,
sin lágrimas…
es el crimen ciego
que dicta su sentencia.
DESDÉMONA O LA URDIMBRE
El agua está dormida,
brota la raíz de la desidia,
¿Quieres ir a la otra orilla Desdémona?
Parece que el mundo canta un aleluya,
bajo el árbol de ceniza.
¿Te has detenido otra vez bajo su sombra?
He rezado por el que nace
y por el que muere en este mismo instante,
aún contemplo el rumbo inevitable
por el que hemos de cruzar,
mis ojos ven nubes de astillas,
están ardiendo, danzan,
sobre la cocina vacía de las barcas,
bajo el espejo de las aguas.
Aleluya por la amiga que viene a calmar la sed del alma,
por la hiedra que trepa hasta la ventana
y trae el canto que derrama lágrimas del tiempo,
Aleluya por el amor que se fue una noche sin recordar su nombre
y se fue a cuestas con el nombre más amado.
Aleluya por el mundo que olvida el dolor a cada instante
y a cada instante el dolor viene hasta el,
por la luz que se derrama como el vuelo de una garza entre las aguas,
¿Te has detenido, Desdémona, esta tarde en el camino?
Te has vuelto pez entre la red,
ciervo entre la trampa,
llama que fluctúa para no apagarse entre la noche.
Aleluya porque tus pies son lilas silenciosas,
leves, intangibles, para caer y volver a levantarte.
Este es el día que viene como una profecía,
has pronunciado la palabra y has callado
cuando los caballos relincharon a lo lejos
y se creyeron ciegos
y cerraron sus oídos.
De tanto dolor ya no duele el mundo,
el camino es efímero,
hace heridas y luego punza sobre las heridas.
Aleluya por la mano, la dulce mano que se aferra
a lo más dulce de esta tierra,
por los pájaros venidos de otros mundos para beber en esas manos.
Aleluya por la noche en que cesa el rayo
y regresa a la senda de lo inefable.
ANTÍGONA O EL SILENCIO
Hay un camino donde todo se aquieta y se silencia,
no es el camino,
es la flor del viento que persigue Antígona.
¿Qué sueño, te hizo soñar por tanto tiempo?
Tu alma ruge como el océano
entre el cielo y el infierno.
Antígona, sueña con su hermana
y se hace sombra con su madre,
el ángel ciego de la calle se aproxima.
Atada y desatada a la tierra desolada,
no hay otro lugar para caer.
Oh dioses no me miren tan alto ni tan lejos.
Por segunda vez recojo cal entre mis manos,
los ojos de mi padre me encandilan,
tengo las palmas de las manos ungidas con aceite.
En el silencio hay más dolor que en el sollozo.
Tiresias, viejo y ciego mundo
trae luz a la tumba de tu Antígona,
para que el mundo no devore al mundo,
regrésanos a casa.
El amado aún no llega, es la hora de cerrar los ojos
y tenderse dulcemente sobre la sábana blanca de la muerte.
ISMENE O LA ESPERA
Amada hermana, oscura y triste,
obedezco, para no lastimar más mi pobre vida,
somos impotentes en este mundo tan atroz,
donde deciden los hombres indolentes.
Perdona mi miedo, mi deslealtad, déjame
con el amor que en la noche espera
en cada una de las siete puertas,
prefiero encontrar el amor y el extravío,
!Que la muerte por un rato sea olvidada!
Tal vez en un furtivo sueño, devore el cuerpo de Creonte.
Esta noche mientras lloras y entras a la tumba,
yo camino por campos de papiros
y danzo con el vestido transparente del amor.
Hallaré el olvido
sin la culpa del olvido,
aunque las esquirlas del dolor puncen mi cuerpo.
Aunque te mienta, no puedo mentirme a mí misma,
suena igual la lira que los vientos,
suena igual el enigma de la muerte.
Déjame andar lejos de la sangre y el hedor
de este mundo ciego y sordo,
déjame cerrar los ojos y tenderme sola,
como si el mundo no existiera.
Estoy llorando como un pájaro huérfano y herido,
y vuelvo a regar las flores amarillas del amor,
que permanezca en mis mejillas,
el beso que pedí y que ofrendé,
siempre habrá alguien que recoja la corona.
LA ESPERANZA
¿Sobre qué lado está la esperanza
para nombrarnos su misterio?
Alguien dirá está cerrado el cielo
como un silencio de cristal,
un pájaro en nostalgia,
como un dolor oculto en la desnudez del mundo,
una constelación que arde tan cerca y tan lejos de nosotros.
¿Sobre qué lado se levanta la esperanza?
El lado oscuro que espera
el lado claro que delata
sobre la calcinación de los días,
en el horror de lo infinito
donde se abren las palabras como alas,
casi invisibles para el aire.
Sobre el lado del milagro, el lado de la llama,
entre la luz de la tristeza vuela como la polilla,
y se quiebra y se repite y busca otra verdad,
en el temblor del miedo se desliza,
desde siempre se asoma por primera vez
y cae precisa a la hora anunciada.
A veces no basta para llenar la soledad del hombre.
CARTA DESDE EL MAR
Madre llévame a pasear por los sueños de tu infancia,
un lugar solitario con una rosa de agua,
vigilias al crepúsculo.
¿La sombra de la promesa persigue aún tu sombra?
Delineaste el rostro de Dios en una nube
y encendías una vela para el mar,
te ardían las entrañas.
¿Cuál juego y cuál amigo aún recuerdas?
Te amé profundamente cuando la ventana del cielo
olía al sereno aroma de mi padre,
ahora aparece un adiós en el árbol que sembraste en el paraje de tu infancia.
Retornar a la orilla es estar muy quieta en el recuerdo
donde cae una lágrima desde el firmamento,
el tiempo empujándome hacia la edad que me soñaste
creando palomas en el rostro del viento.
En tu cuerpo no se asoma ninguna cicatriz,
salvo las del alma.
Nunca encontramos al cíclope en el largo camino hacia Itaca.
EL SALMO DE LOS PECES
No, no estoy triste,
ahora retorno a cantar como los pájaros,
la muerte es el silencio lacerante de la herida y
el resplandor del camino que dejamos.
Al otro lado del misterio,
el ojo de mi corazón se abrió
ante la pálida luz del agua lamida por los peces.
No estoy triste,
aunque la tierra parezca un jardín desollado,
he resistido tanto como pude a este río
para que no me arrastrara, para que no me olvidara.
Amarga la lluvia, la noche, amargo el barro,
el aire tiene el sabor amargo de la sangre,
dura está la tierra, dura la palabra.
La muerte es el silencio al caer el cuerpo
entre el ruido de la esperanza y la soledad del agua.
AGUA ERRANTE
el agua se escurre hacia la noche con un código secreto,
abre el olvido
y llega a la deriva donde anida el alga del recuerdo,
el tiempo se olvida por un instante del tiempo,
con su ojo fijo en la nada
sigue la senda de las aves,
sigue el cauce de los peces,
busca el nombre que ha perdido,
se precipita para tocar la piel de las estrellas,
en la noche de los cirios, sueña con escarabajos dorados,
el ojo del agua lo guía, lo riega, lo ilumina.
el tiempo no escucha, vaga errante,
flota alrededor de la noche como bruma,
no tiene voz y se repite en las palabras,
está inmerso en la belleza y se pregunta
¿por qué los jardines se quedaron en silencio?
Por qué el viento está repleto de alaridos
por qué el olor de la ceniza
por qué el salmo de los peces.
Recupera la palabra,
Entra en la vasija del mundo
como el agua entra en las grietas de las rocas.



