El Centro Cultural de Cali, en la incertidumbre: ¿cuál es su verdadera situación ante la posibilidad de ser sede presidencial?

Desde su consolidación como Centro Cultural de Cali en 1998, este espacio emblemático se convirtió en el corazón de la vida artística y cultural de la ciudad, permaneciendo invulnerable a las maniobras de intereses políticos por casi 30 años. Foto: Alcaldía de Cali
A la vista de todos desprendieron el letrero del Centro Cultural de Cali, como lo había anunciado el alcalde Eder, este espacio vital del ecosistema cultural caleño, sería la sede alterna del presidente De la Espriella. Pero, la Secretaría de Cultura dice que continuará funcionando con normalidad, lo que genera sanas sospechas de cómo se aplicará esta medida y sus consecuencias. Informe con reacciones del sector cultural.

Durante la tarde del jueves, 6 de agosto, diferentes ciudadanos observaron con preocupación que empleados de la administración distrital desprendieron el letrero del Centro Cultural de Cali, ubicado en la fachada del emblemático edificio diseñado por Rogelio Salmona y que desde hace 28 años es el corazón del circuito cultural, histórico y turístico del centro caleño, pero que debido a una determinación del alcalde Alejandro Eder será convertido en la sede alterna de la Presidencia de la República, bajo el gobierno de Abelardo de la Espriella.

Como quedó registrado en diferentes medios de comunicación, el alcalde caleño, quien se refirió a esta infraestructura como «edificio de la FES», afirmó que desde el 7 de agosto, día de la posesión presidencial en Cali, pasaría a ser el «palacio presidencial de Santiago de Cali, un símbolo de un Estado más cercano a las regiones y del papel protagónico que hoy tiene nuestra ciudad», según reportó El País.

Volviendo a este jueves, poco después de bajar el letrero del Centro Cultural de Cali, los empleados procedieron a instalar dos placas en la entrada del edificio, una del escudo de Cali, al lado izquierdo, y otra al lado derecho bajo la nomenclatura 6-05, en la que se distingue el escudo de Colombia y dice: «Presidencia de la República. Sede alterna. Santiago de Cali».

Para los que no dimensionan el atentado que representa esta medida, podría hacerse un inventario del ecosistema cultural que vive en esta edificación —que no es un simple edificio, vale recordar que el arquitecto lo creó a semejanza de un castillo medieval, algo evidente para quienes lo han recorrido—: allí están la sala de lectura infantil de la ciudad, varias salas de exposiciones, incluida la de sus pasillos externos, el Archivo Histórico de Cali, una sala Audiovisual, los Estudios Takeshima, un auditorio de acústica envidiable en el sótano, dos plazoletas (una con un samán creciendo en el centro), la sala de lectura Jorge Luis Borges (especializada en personas con limitaciones visuales), entre otros auditorios que prestan servicios para ensayos de grupos musicales, talleres artísticos y más procesos culturales.

Por eso no sorprende que de inmediato, representantes de sectores culturales y políticos —sobre todo opositores al alcalde Eder y al presidente De la Espriella— reaccionaron ante el posible cierre de un epicentro vital en la dinámica artística y cultural de una ciudad que, bueno es recordarlo, en 2018 fue declarada Distrito Especial, Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios de Colombia. 

Artistas, gestores, docentes, exfuncionarios públicos, personalidades caleñas y creadores de contenido vienen rechazando en redes sociales la cuestionada medida que puede malograr por completo la aceptable gestión cultural de la administración de Alejandro Eder en los casi tres años que lleva al frente de Cali.

La exdirectora del Instituto Popular de Cultura (IPC), Carolina Romero Jaramillo, manifestó en sus redes sociales que «me opongo rotundamente a que el Centro Cultural de Cali sea una sede presidencial, es negar los esfuerzos y procesos de las y los artistas, del encuentro ciudadano, de propios y extraños. Debe existir otro espacio en la ciudad para esa sede presidencial».

Luego, y ante las imágenes que muestran cómo borran el letrero del Centro Cultural de Cali, publicó: «¡Qué dolor! Inmensa tristeza. Cada golpe y caída de sus letras son pedazos del corazón de las artes y las culturas que caen. Estamos heridos, fracturados. Ante la ignorancia, la indolencia, el abuso, tendremos que resistir, reponernos y nunca más tener estos liderazgos minúsculos. Mientras nosotros dejamos espacios nuevos y renovados para las artes y las culturas, este se atreve a arrebatarnos y sacarnos de lo que es del pueblo».

También Isabel Patiño, hija de Germán Patiño —el gestor cultural más importante de la historia reciente en Cali—, expresó que «viví de cerca el sueño y el esfuerzo de dotar a Cali de un espacio digno para la creación, el encuentro y la memoria, con la esperanza intacta de que, tarde o temprano, el edificio recuperara plenamente su vocación artística y cultural por encima de lo burocrático».

Pero, «ver que hoy se invisibiliza ese origen causa un dolor inmenso. La memoria de una ciudad no se construye borrando su pasado, sino honrándolo. El Centro Cultural de Cali es un patrimonio vivo de las caleñas y caleños, cambiar el uso y los símbolos que recuerdan su razón de ser es un golpe sensible para nuestra identidad».

Y concluyó con un llamando a los ciudadanos: «Confío en que la sensibilidad colectiva nos permita revertir este uso actual y reconectar con la memoria histórica de nuestra ciudad. Desde el respeto y el amor por Cali, hago un llamado a preservar este espacio tal como ha sido concebido y a recuperar su esencia plena en vísperas de cumplir sus 30 años».

¿Qué dice la Secretaría de Cultura?

En medio de la arremetida contra la posible desaparición del Centro Cultural de Cali, la Secretaría de Cultura publicó un comunicado oficial en el que explica lo siguiente: «En el marco de este evento [posesión presidencial del 7 de agosto en Cali], la Alcaldía dispuso temporalmente algunos espacios administrativos ubicados en el tercer piso del Centro Cultural para atender los requerimientos logísticos e institucionales derivados de la agenda presidencial. Esta medida no modifica la naturaleza del edificio, su vocación ni su programación como uno de los principales escenarios culturales de la ciudad».

El secretario de Cultura, Julián Eduardo Arteaga Aguilar, medió en la situación aclarando que como ya lo había manifestado «ni la Secretaría de Cultura ni los espacios misionales se trasladarán de este lugar. El Centro Cultural seguirá siendo la casa de los artistas, de la biblioteca, del Archivo Histórico, de la Sala Audiovisual y de todos los espacios que diariamente reciben a la ciudadanía».

La Secretaría de Cultura aseguró que «el Centro Cultural retomará su funcionamiento habitual y reabrirá sus puertas a la ciudadanía desde el lunes 10 de agosto, con la prestación de todos sus servicios y el desarrollo normal de su programación».

No obstante, menos que la desconfianza, es el sentido común el que nos obliga a preguntarnos: Si es temporal, ¿por qué quitar el letrero y montar otro que cambia por completo la naturaleza del espacio? ¿Por qué no buscar un edificio más adecuado para ser «presidencia alterna» sin afectar radicalmente este sector por el que circulan miles de personas y que alberga teatros, museos, sitios patrimoniales e históricos, rutas turísticas? ¿Esto no importa a la administración que promueve el turismo y la cultura como «el lugar donde debes estar»? ¿El sector entonces estará sometido al albedrío del presidente De la Espriella y modificar sus actividades en cada oportunidad que decida gobernar desde Cali? ¿Y el impacto a la movilidad y a los comerciantes del sector? ¿O es una afrenta contra una ciudad cuyos sectores populares votaron contra el hoy presidente y cuya cultura es pilar de su identidad?

La oposición se manifiesta

Ana Erazo, exconcejal de Cali y actual congresista del Pacto Histórico, responde que «yo sí lamento mucho la decisión de Alejandro Eder de entregar el Centro Cultural de Cali, quien además cuando lo dijo mencionó fue a la antigua FES, lo que denota la poca importancia que tiene la cultura, el arte, para el alcalde, en cuya administración hemos visto que lamentablemente los recursos se han focalizado única y exclusivamente a temas como el Petronio Álvarez y el Festival de la Salsa, y no a otros sectores de la diversidad cultural que tenemos en Cali».

La representante a la Cámara también dijo que «entregarles ese espacio, en donde hay museos, donde hay espacios de niños, audiovisuales y demás, pues lo que representa es claramente un alcalde que no entiende que las sociedades también se construyen a partir de de lo cultural. Y en ese sentido, pues estamos viendo es que vamos a tener un muy poco desarrollo de nuestra sociedad si no entendemos que la cultura hace parte de lo que somos».

Para ella, esta medida «no solamente bloquea la cultura, sino también el centro al no permitir que los negocios que están alrededor del Centro Cultural de Cali tengan un buen desarrollo, afectando económicamente a esos negocios y sin una alternativa».

Erazo concluye que «dicen que es temporal, pero creo que no lo es así. De la Espriella ha dicho que va a estar en las diversas ciudades gobernando y cada vez que él venga, pues se van se va a modificar o se va a torpedear el ejercicio de la cultura y del desarrollo económico del centro de la ciudad».

«Yo invito a los sectores de la cultura a resistir durante estos 4 años y desde su lugar, que podamos hacer una batalla de las ideas, una batalla cultural para hacerle entender a la sociedad que elegimos mal y que necesitamos volver a encaminarnos por los gobiernos de la democracia», finalizó.

Queda en manos de la Alcaldía de Cali la responsabilidad de disuadir cualquier sospecha sobre el destino del Centro Cultural de Cali en este gobierno que comienza. Veremos.