Joe Madrid y la efímera historia de la Orquesta Cumbia Colombia

Una historia curiosa donde la música tropical colombiana y la salsa se entrelazan. Foto: Jason Leung / Unsplash
El pianista cartagenero, uno de los más importantes de la música tropical y salsera, hizo parte de un utópico proyecto musical que dejó dos discos, hoy joyas, y varias anécdotas de su única gira internacional.

El desaparecido artista cartagenero José Fernando Madrid Merlano, Joe Madrid, es merecidamente considerado como uno de los más grandes pianistas colombianos de todos los tiempos —quizás el único que estuvo al nivel de Edy Martínez— y al igual que el recordado tecladista pastuso, incursionó en frentes sonoros de la música tropical nacional, la salsa y el jazz con la misma maestría. Los inicios de su destacada carrera musical estuvieron ligados al incipiente boom salsero que se abrió paso primero en Miami y después en Nueva York gracias a la llegada masiva de artistas cubanos, boricuas y de diversos rincones de Latinoamérica a fines de la primera mitad del siglo XX.

Joe Madrid escribió páginas gloriosas en la historia de la música latina en Estados Unidos como pianista, arreglista y compositor. Su nombre aparece en los créditos de algunas producciones de grandes figuras de la salsa y el jazz latino como Chico Orefiche, Andy Harlow, Mongo Santamaría, Ángel Canales, Ray Barretto, Tito Puente, Orquesta Broadway, Dizzy Gillespie y Gato Barbieri, entre otros.

Sin embargo, antes de que Madrid se radicara en Estados Unidos, había dejado el registro de su talento en dos elepés editados en Colombia que —hoy por hoy— son considerados exquisitas piezas de colección, aunque, paradójicamente, continúan siendo desconocidos o muy poco explorados incluso por la comunidad de melómanos y coleccionistas. Se trata de los volúmenes I y II de las producciones musicales de la gran orquesta Cumbia Colombia de Chucho Fernández (Philips, mono 631871 y 631877; estéreo 842988 y 842994, de 1965).

Inicialmente, el objeto del empresario y compositor Chucho “Conga” Fernández era grabar un álbum de dos volúmenes que mostrara al mundo la riqueza de la cultura popular bailable de nuestros dos litorales para después recorrer universidades y escenarios latinos, estadounidenses y europeos. Pero su mayor deseo como amante de la música, era demostrarle al mundo que la cumbia no era mexicana —como muchos creían en el exterior— sino que era orgullosamente colombiana. De ahí el nombre Cumbia Colombia.

La orquesta nació en Bogotá en 1964 y las grabaciones se hicieron entre finales de ese año y comienzos de 1965. Eso explica que las referencias seriales de los LP no sean consecutivas.  Culminadas las grabaciones en estudio, Chucho Fernández convocó a los integrantes de la orquesta a varias reuniones donde presentó oficialmente a la agrupación en emisoras como Nuevo Mundo y programas de televisión, previo a su esperado periplo por suelo norteamericano.  

Como solía suceder en aquella época, los LP no presentaban los créditos de los músicos participantes, aunque en este caso hay una referencia escrita en la contracarátula que destaca el trabajo de los jóvenes arreglistas Joe Madrid y Gilberto García. Sin embargo, quedaron por fuera los nombres de los demás integrantes: Joe Madrid (director musical y bajo), Gilberto García (piano), Justo Almario (saxo tenor), Guillermo “Willie” Vega (saxo tenor), Alfredo Ospina “Caliche” (saxo alto), José Coneo (saxo barítono), Hernán Ramos “carecaucho” (saxo alto y clarinete), Plinio Córdoba Valencia (timbales y batería), Humberto Díaz (bajo), Hernán Niño, Lolé Molina (de origen peruano) y Rafael “Rafico” Valera (trompetas), Cecil Alfonso Cuao Morán (bongó y batería), Luis Núñez (congas), Antonio “Toño” Domínguez (cantante), Sidney Reyes (cantante) y Henry Castro (invitado especial).

En entrevista con Manuel Antonio Rodríguez, “Mañe”, el gran saxofonista Justo Almario refiere: «Chucho Fernández era empresario, hacía negocios en el plano cafetero y cosas agropecuarias. Tenía algunas relaciones en los Estados Unidos e invitaron a la orquesta para que fuéramos a tocar unos conciertos. Eso es lo único que sé del señor Chucho Fernández. Me pareció un señor muy buena persona, negociante, pero le encantaba la música. Él se propuso armar esta orquesta con la idea de tener una combinación de músicos de la costa con todas esas influencias de Nueva York, de Tito Rodríguez, algo así. Entonces los arreglos los hizo Joe Madrid y alguien más, pero primordialmente fue Joe Madrid».  

De igual manera, en entrevista con Mañe, el maestro Plinio Córdoba manifiesta «…Chucho Fernández no era músico. A él se le vino a la cabeza la idea de hacer una orquesta para que fuéramos a los Estados Unidos a tocar, de la cual fueron miembros unos excelentes profesionales como lo fue Joe Madrid quien dirigía y tocaba el bajo».  

En cuanto a recuerdos de la gira, el maestro Almario afirma que llegó a Estados Unidos tres días después de que los demás viajaran. No recuerda exactamente en cuál mes, pero fue entre agosto y octubre de 1965. El destino fue Miami donde se alojaron en el Hotel Downtown. Tocaron alrededor de cuatro conciertos entre ellos en el Hotel Dupont Plaza, Hialeah y un centro de convenciones en bailes especiales para la colonia colombiana, así como shows en programas de televisión.

Después de dichas presentaciones, una vez los músicos regresaron a Colombia, la orquesta se disolvió. Algunos como Chucho Fernández, Sidney Reyes, Toño Domínguez, Joe Madrid, Gilberto García, Hernán Ramos, Lolé Molina, Alfredo Ospina y Rafael Valera se quedaron en Estados Unidos para probar suerte. Los demás regresaron a Colombia a continuar con sus anteriores ocupaciones. En los casos de Almario y Madrid, su permanencia en el país del norte sería el inicio de extraordinarias carreras artísticas que años después los consolidarían como referentes en la producción fonográfica salsera y jazzística nacional.      

El encanto del disco reside —además del virtuosismo de sus músicos— en los novedosos y si se quiere atrevidos arreglos para la época propuestos por el pianista cartagenero que fusiona cumbias, porros y boleros con aditivos típicos del jazz y de ritmos del caribe antillano, esos sonidos que estaban gestando lenta y progresivamente el nacimiento del fenómeno sociocultural y comercial que poco más adelante denominarían salsa. Los mismos músicos de la agrupación se sorprendieron al conocer los arreglos con evidentes influencias foráneas, ya que nunca habían incursionado en algo diferente al sonido del folclor tradicional costeño. Madrid les explicó que la idea era que sonaran un poco a lo que por aquel entonces se hacía en ciudades como Nueva York, en donde esperaban alternar con el gran Tito Puente.

Refiere Humberto Díaz, bajista de la orquesta, que cuando se empezó a organizar el viaje a Estados Unidos, él y otros músicos decidieron no ir porque no tenían dinero suficiente para sus gastos personales. Por lo mismo, la nómina que participó en la grabación original no es exactamente la misma que llegó a la capital de la Florida.

Estando en plena gira se presentaron serios inconvenientes entre los músicos y el empresario. Después de que hacían presentaciones los músicos le preguntaban a Chucho Fernández por su pago, pero este les contestaba que ese dinero estaba destinado a publicidad. Por obvias razones el malestar del personal no se hizo esperar y la agrupación empezó a desintegrarse poco a poco hasta que desapareció.  

Los dos discos contienen un total de 21 números que se relacionan a continuación:

Vol.1

Fotos originales de John Jairo Usme / Montaje ChatGPT

LADO A

1. La Tabaquera (Carlos Suazo) – Cumbia

2. Playa Blanca (Pacho Galán) – Porro

3. Recuerdos (Jesús Fernández) – Bolero

4. El Niño del Mar (Jesús Lara Pérez) – Cumbia

5. Lucy Reina (Jesús Lara Perez) – Chandé

LADO B

1. La Pollera Colorá (Wilson Choperena/Juan Madera) – Cumbia

2. El Caimán (José María Peñaranda) – Guaracha-Porro

3. El Loco (Víctor Cordero) – Bolero

4. El Hombre Feliz (Jesús Fernández) – Guaracha

5. La Perla (A. M. Peñalosa) – Cumbia

Vol.2

Fotos originales de John Jairo Usme / Montaje ChatGPT

LADO A

1. La Ceiba (Melardo Padilla) – Cumbia

2. Cumbia Colombia (Joe Madrid) – Twist

3. Voy (Luis Demetrio) – Bolero

4. Qué Linda (Mario Gareña) – Porro

5. A Bailar la Cumbia (Pedro Amaya) – Cumbia

6. Para Ti (Alejandro Ospina) – Porro

LADO B

1. Vuela la Paloma (Félix Reina) – Cumbia Charanga

2. Peruchín (Pedro Amaya) – Porro

3. Voz (Joaquín Mora) – Bolero

4. Baila Pacho (Frank Cortés) – Porro

5. Dovel (Fernando Madrid) – Merecumbé

Los detalles de las interpretaciones vocales son los siguientes: 

Sidney Reyes, trece temas en total. En el volumen 1: Recuerdos, Lucy reina, El loco, El hombre feliz, La perla. En el volumen 2: La ceiba, Voy, Qué linda, A bailar la cumbia, Vuela la paloma, Voz, Baila Pacho, Dovel.

Antonio “Toño” Domínguez, cinco interpretaciones. En el Vol.1: Playa Blanca, El niño del mar, La pollera colorá, El caimán. En el Vol.2: Para ti.

Henry Castro fue invitado a cantar un número: La Tabaquera.

Dos números son instrumentales: Cumbia Colombia y Peruchín, del Vol.2.

La orquesta Cumbia Colombia, de Chucho Fernández, es uno de los capítulos más fugaces, pero a la vez más brillantes y fascinantes de la historia de la música folclórica del trópico colombiano.

Curiosidades y datos adicionales

Las grabaciones se hicieron entre las calles 18 y 19 con carrera octava, pleno centro de Bogotá.

Empezaban a trabajar desde las 9 de la mañana.

La edición de los dos volúmenes se hizo con una diferencia de entre tres y cinco meses, pero se lanzaron al mercado simultáneamente.

Salvo un par de presentaciones para darse a conocer ante los medios, la orquesta nunca hizo conciertos en Colombia.

El pianista oficial de la agrupación fue Gilberto García y no Joe Madrid, quien ofició de bajista.

En los textos de los LP se afirma que Joe Madrid tenía 22 años cuando los grabaron, pero realmente contaba apenas con 20. 

Hay un error en el nombre del pianista y coarreglista de la orquesta Gilberto García quien aparece en los créditos del LP como Gilberto Martínez.

«Allá fuimos al aeropuerto y nos colocamos debajo del ala del avión, y se invitó a una azafata de esas, y esa es la mujer que se ve ahí en la foto», refiere el bajista Humberto Díaz sobre la fotografía de carátula de los discos. 

El cónsul y el embajador de los Estados Unidos —ejecutores aficionados de batería y trombón— eran amigos cercanos del maestro Plinio Córdoba. Y fueron los mismos funcionarios diplomáticos quienes adelantaron las gestiones para agilizar la aprobación de las visas de todo el personal de la agrupación, incluyendo los de logística. 

En una de las presentaciones, cuando empezaron a interpretar La Pollera Colorá, la gente empezó a mirarse entre sí, a fruncir el ceño y reclamar que esa no era la que todos conocían, que no sonaba para nada al símbolo musical de Colombia ante el mundo. En vista al inconformismo del respetable, debieron interpretarla en su versión original y se normalizó la situación. 

Probablemente, la principal razón por la que las producciones no tuvieron el eco comercial que esperaban residió en la complejidad técnica de los arreglos de Madrid, que resultaron muy difíciles de digerir para el público popular. Como lo dijo Manuel Antonio Rodríguez: «Era música concebida más para músicos».

Una evidente particularidad de Sidney Reyes es que su timbre de voz y estilo resultaban muy similares a los de Tito Rodríguez, quien, por cierto, por aquel 1965 gozaba de las mieles de la fama y éxito. ¿Coincidencia? No lo creo. Chucho Fernández había planeado todo muy bien, y probablemente calculó que una voz cercana a la del legendario cantante y director de orquesta puertorriqueño le abriría más fácil las puertas de la colonia latina radicada en Estados Unidos. Sus mismos compañeros afirman que cuando a Reyes le preguntaban por qué imitaba a Tito Rodríguez, visiblemente enojado contestaba que no imitaba a nadie y que simplemente él cantaba así.

Joe Madrid regresó a Colombia en 1976 y residió en Bogotá hasta el día de su muerte (24 de diciembre de 2005) a causa de un enfisema pulmonar.

El legendario saxofonista sincelejano Justo Almario reside en Estados Unidos desde su llegada y se encuentra artísticamente activo.

El baterista chocoano Plinio Córdoba Valencia falleció el 15 de noviembre de 2025 en Bogotá.

Cecil Alfonso Cuao Morán, bongosero y baterista, falleció en un accidente ferroviario.

El bajista Humberto Díaz residía en el municipio de Girardot.

Chucho Fernández fue asesinado en Estados Unidos.   

Además de cantante, Sidney Reyes fue pianista, compositor y percusionista. Se radicó en Miami y estuvo vinculado durante muchos años con algunos de los más grandes artistas de la música afrolatina como Cachao y Luis Santi.  

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Agradecimiento especial a Manuel Antonio Rodríguez por haberme facilitado los archivos digitales de los programas radiales dedicados a esta orquesta.